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Nuestra historia

Una vida que sigue transformando vidas
El legado del Padre Juan Ricardo Salazar-Simpson, S.J.

Hay personas cuya huella permanece mucho más allá de su tiempo. No porque aspiren a ser recordadas, sino porque entienden su vida como un  servicio a los demás.


El Padre Juan Ricardo Salazar-Simpson, S.J. fue una de ellas. Más de 30 años  después del nacimiento de la Fundación Padre Arrupe, miles de niños y  jóvenes han recibido una educación de excelencia gracias al proyecto que él  soñó; miles de personas han encontrado una atención sanitaria digna a  través de nuestra Clínica Asistencial, y cientos de profesionales, colaboradores y benefactores siguen haciendo suyo el mismo compromiso que inspiró su vida.


Hay personas que cambian el mundo con sus acciones y personas que lo hacen inspirando a generaciones enteras a transformarlo. Él hizo ambas: actuó con el ejemplo y encendió una llama que hoy sigue viva en miles de personas.

Una vocación de servicio

El Padre Juan Ricardo nació en Zaragoza en 1942. Jesuita, ingeniero industrial, teólogo y licenciado en Filosofía y Letras. Quienes compartieron con él aquellos años en El Salvador lo recuerdan como una de las mentes más brillantes que llegaron al país durante la década de los ochenta; pero quienes lo conocieron mejor, lo recuerdan como un hombre cercano, incansable y profundamente humano; alguien que escuchaba, cuidaba de las personas y siempre anteponía el bienestar de los demás al suyo propio.

Un sueño nacido en El Salvador

En 1984 llegó a El Salvador, en plena guerra civil. Allí confirmó que la educación era la herramienta más poderosa para romper el círculo de la pobreza y abrir nuevas oportunidades.

 

Con esa convicción fundó en 1992 la Fundación Padre Arrupe con una misión muy clara: ofrecer a los niños y jóvenes más vulnerables una educación de excelencia académica y humana que les permitiera construir su propio futuro.

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1998 abrió sus puertas 
el Colegio Español Padre Arrupe

Y así, en 1998 abrió sus puertas el Colegio Español Padre Arrupe. Pero solo un año después, el Padre Juan Ricardo falleció de forma inesperada, con tan solo 57 años. Su vida terminó demasiado pronto. Su sueño, no.

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Su hermana Felicidad continuó su legado

Tras su fallecimiento, su hermana, Felicidad Salazar-Simpson, asumió el compromiso de dar continuidad a su legado.

 

Durante casi dos décadas, junto a su marido, Ramón de Rato Figaredo y sus hermanos Luis Alberto y Francisco Manuel Salazar-Simpson, trabajó incansablemente para conseguir los recursos que hicieron posible completar el complejo educativo y sanitario de Soyapango y consolidar un proyecto que hoy continúa transformando miles de vidas.

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Un legado vivo

En 2008 la Fundación amplió su misión con la creación de la Clínica Asistencial Padre Arrupe, convencida de que educación y salud son dos pilares inseparables del desarrollo humano.

 

Hoy, más de 1.800 alumnos reciben cada año una formación basada en la excelencia, los valores y el compromiso con los demás. Al mismo tiempo, la Clínica realiza más de 60.000 tratamientos al año, ofreciendo una atención sanitaria de calidad a quienes más la necesitan.

Pero el verdadero impacto de la Fundación no está en las cifras.

Está en cada niño que descubre un futuro donde antes solo veía límites.

En cada joven que rompe el círculo de la pobreza gracias a la educación.

En cada paciente que recupera la salud y la esperanza.

Ese era el sueño del Padre Juan Ricardo.

Y ese sigue siendo, cada día, nuestro compromiso.

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